La naturaleza siempre ha sido muy sabia y lo seguirá siendo. Es impresionante ver cómo animales tan dispares como una planta y un insecto pueden llegar a establecer un enlace tan fuerte entre ambos. Hablamos de la acacia y las hormigas de la misma.
La acacia es un género de arbustos y árboles del cual existen unas 1.300 especies en todo el mundo estando en Australia la mayoría de ellas. Necesitan un lugar fresco para invernar (de 5 a 10 grados) y ayudan a la nitrificación del suelo gracias a que son fijadoras de nitrógeno, facilitando así el trabajo a otras plantas y arbustos que crecen junto a ellas. Algunas especies poseen defensas biológicas que usan para alertar del peligro a las demás plantas, que son trasportadas por el aire. Cuando las demás plantas detectan esta sustancia, se tornan de un color más oscuro y comienzan a segregar una sustancia tóxica que puede llegar a ser mortal para el depredador.
Nosotros nos centraremos en la Acacia Cornigera. Esta variantes es nativa del sur de México y Centro América y puede alcanzar hasta los 10 metros de altura. Su característica más notable son sus espinas, parecidas a los cuernos de un toro y de color café claro u oscuro.
Pero no todo acaba ahí. Estas espinas guardan un feroz secreto en su interior, defendiendo a la planta de cualquier otro insecto o animal que sea una amenaza. Este árbol es como un país en guerra: en cuando un insecto invade el árbol, las hormigas que viven en simbiosis dentro de las espinas huecas saldrán a recibirlo. Estas hormigas son áltamente agresivas y atacarán incluso a pequeños mamíferos que estén en “su” árbol.
¿Qué gana la hormiga a cámbio de todo este trabajo de guardaespaldas? Pues mucho. La acacia segrega glóbulos ricos en glucógeno como premio a las hormigas por hacer su trabajo y para tenerlas alimentadas ya que este tipo de acacia no posee ninguna defensa en contra de parásitos, insectos o cualquier otra amenaza de modo que se necesitan el uno al otro.
Siempre hay relaciones increíbles, aunque tú no te des cuenta.
Datos: Wikipedia.
Es el feedback de la naturaleza. Increíble! Quizás esta planta tendría que estar en Medio Oriente, no crees?!
Así es. La verdad es que me gustaría que hubiera “más simbiosis” como esta, en Medio Oriente y sus religiones. Lamentablemente, siempre tenemos mucho que aprender de animales tan insignificantes como estos.
¡Un saludo y gracias por el comentario!