No todo el monte es orégano.

Hoy es uno de esos días en los que te cambia el rostro. Te cambia el rostro radicalmente de cabizbajo a cabizalto, si es que existe. Sin embargo pensaba que desde por la mañana el día iba a ser totalmente pesado entre visitas y salidas. Es increíble, cómo una persona puede hacer que te cambie la suerte. Pienso que la llevan consigo mismos/as, y que a lo largo de las batallas de la vida es imposible que caigan como caen los demás en el vórtice de la negatividad y en la crisis en la que estamos actualmente.

Sencillamente, es como si hubiera cargado las pilas de las baterías viejas y gastadas que tengo y eso la verdad es que ayuda muchísimo. Una llamada, una sonrisa y una palmadita en la espalda: hay que seguir adelante. Oro, hosting, cemento, petróleo, hoteles y como dirían esas personas a las que tanto quiero: bienes raíces.

Sólo espero que, la huella y que dejó y ese trébol de cuatro hojas que lleva siempre en el bolsillo, y nunca mejor dicho siga sirviendo de amuleto, aunque evuelto en plástico le quite la vida.

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